TTC-600
de Swami Omkarananda
Formación de vanguardia respetando la tradición, las escrituras y la cultura de la India
La casualidad no existe. El Universo está orquestado maravillosamente.
Han hecho falta muchas vidas, esfuerzos y sufrimiento para que “tropezaras” con esta posibilidad, en este ahora, y esto merece nuestra celebración, seriedad y respeto.
Este Curso debería ser gratuito y perfecto y aunque todavía no lo sea, sí es profundamente honesto y comprometido. Pretende ser aquella oportunidad que a muchos nos hubiera gustado encontrar hace 30 años, sin las dificultades del idioma, la lejanía, el choque cultural, etc. Es una actualizada combinación entre la tradición y la ciencia de vanguardia, un maridaje pausado entre la ortodoxia y la erudición.
Intentamos facilitar la mejor experiencia formativa, en un mano a mano vivencial, donde la última respuesta se lee en los ojos y no en los libros, donde cabeza y corazón dejan de rivalizar y se aúnan camino de su propia trascendencia. Donde se disciplinan amorosamente el cuerpo, las energías y las voluntades.
Aunque todo el mundo conoce la palabra «Yoga», quizá haya tantas ideas y definiciones como mentes. Cada persona tiene su propia concepción de lo que es el Yoga, a veces excesivamente enfática, otras veces infravalorada, en ocasiones malinterpretada y, con frecuencia, desfigurada por razones distintas en cada caso. Los buscadores de la «Perfección» harían bien en tomarse las cosas muy en serio y no afrontar el tema como si fuera un problema sociológico, o algo con lo que obtener riquezas, nombre y fama.
Nada puede ser más querido para el ser humano que el Yoga si se sabe lo que realmente significa. No es sólo una asignatura de estudio que se escoja, como en la universidad, para conseguir un aprobado o un diploma. Es un sistema que tenemos que integrar en nuestra vida personal y práctica cotidiana como un arte por el que nos situamos más cerca del ideal de la vida de lo que nos hallamos en nuestra situación o circunstancia actual.
Hacen falta buenos profesores de Yoga en este mundo enloquecido, donde se sobrevive entre el miedo y la esperanza, pero nadie puede dar lo que no tiene ni un ciego conducir a otro ciego. ¿Qué podemos dar a los demás si nuestra vida está enturbiada por las pasiones, el egoísmo y la ignorancia ante las inquietudes existenciales? A menudo, ni siquiera un consuelo psicológico para sobrevivir.
La madurez, a veces conquistada en el yunque del sufrimiento (este Curso es muy duro), impone, antes o después, sacar el ojo de la inteligencia de las cosas que no son (el mundo dual) y dirigirlo hacia el esplendor de la naturaleza esencial propia. Indudablemente esto implica un vuelco total de los valores, una revolución psicológica, un no acomodarse en la ineficaz línea horizontal, infructuosa, si no hacia la línea vertical del despertar, del descubrimiento de potencialidades maravillosas que son prerrogativas del alma humana.
El gran maestro Swami Sivananda y todos sus seguidores, siempre han insistido en que la espiritualidad es un asunto de experiencia directa y práctica, resumiéndola en una frase clave: “Vale más un gramo de experiencia que una tonelada de teoría”.
Yoga es una filosofía de orden realizador, transformador; no tiene como finalidad la simple especulación conceptual, sino la realización de un estilo de vida, de un estado de conciencia.
La dialéctica filosófica debería ser un preciso proceso de liberación del alma de las ilusiones mundanas, de las proyecciones divagativas, de los múltiples placeres sensoriales, proponiendo una visión del verdadero Ser.
Yoga es un término muy mal entendido y del que se abusa mucho actualmente. Debemos comprender que se trata de una palabra sagrada, que designa tanto el medio como el fin. Es la meta de la existencia humana. Se habla mucho de Yoga pero esta palabra ha sido hasta tal punto profanada que hoy en día incluso es sospechosa, aun cuando, ni siquiera se conoce con exactitud lo que realmente significa.
Tiene que quedar claro que el Yoga no consiste sólo en flexionar y estirar los miembros en distintas posturas. El Yoga no es tocar la campana o batir los címbalos en las ceremonias, ni mirar fijamente una vela o contemplar un punto en la pared mientras se cantan mantras. No es que estos procesos carezcan de significado, pero sólo son ayudas preliminares, muy preliminares, verdaderos puntos de partida en la larguísima marcha del estudiante de Yoga en su búsqueda de la Realidad.
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